Entradas

Mostrando entradas de noviembre, 2018

La tarara

Imagen
Mi abuela era sorda de un oído. 
Se quedó sorda a los ocho años por culpa de un resfriado, o esa es al menos la versión que corre por mi familia. 
Roncaba como una mula cuando se echaba a dormir, y nosotros le hacíamos ese sonido tan característico que se les hace a los que roncan chasqueando la lengua, tttkk ttkk tkkk. Y pasaba un buen rato hasta que caíamos en la cuenta de que se había quitado el audífono y que eso no servía de nada. 
Mi abuela era sorda, pero cantaba mucho y muy bien. Después de comer bajaba todas las persianas de la casa para que no entrase el calor asfixiante de las siestas del sur y se echaba en la mecedora que tenía en el zaguán, y así, a oscuras, se pasaba las siestas meciéndose y cantando. 
Quien canta su mal espanta, decía, y es verdad. Pruebe usted a cantar, se le mitigan a uno las penas y se le ensanchan las alegrías. 
Me acostumbré a las coplas desde muy pequeña, al drama ese que tenían todas las folclóricas que lloraban por amores imposibles teñidos de infid…
El contenido de este blog está protegido mediante licencia Creative Commons a no ser que se especifique lo contrario.

Licencia Creative Commons