Siesta de verano

Canta la niña en el patio y el sonido de su voz me llega lejano en esta tarde de Julio.

Desde la cama, en mi pegajoso sudor, oigo la voz de mi joven nieta entonando la canción que le enseñó su abuela, en esta siesta sofocante imposible de dormir.

Canta la niña y su voz líquida llega hasta el fondo de mi alma, sus notas, mis cuerdas, todo encaja afinado. Resuena la orquesta.

La niña, candorosa y dulce ahora, algún día se ha de hacer grande, y ese día puede que yo ya no duerma la siesta, que no escuche su voz llegándome desde el patio de flores, que no la vea bailar flamenco con sus zapatos rojos. Abuelito, cántame una soleá.

Y la niña canta y canta. Son las cuatro de la tarde y canta, el Sol achicharra y canta, las moscas molestas se me posan en la cara y canta.

También son ganas, la niña, de cantar.

Y su abuelo, que suda y no duerme, escucha y resuena su pecho.

Canta, mi niña, canta.
Mis lágrimas por tu cantar.

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