El naufragio

Como recoger los restos de un naufragio.

Como cuando sube la marea.
Todo moja, todo cala, las maderas se han podrido.

Las olas vinieron arrasando todo a su paso y derrumbaron todo lo que había construido.

El esfuerzo previo se vino abajo, y nosotros sólo podíamos remar en medio del temporal. Esfuerzo absurdo, tormenta que ahoga y destruye.

Las nubes rugían y causaron estragos. Nada quedó salvo un desorden vacío.

Y al final, entre troncos varados y ropa mojada, entre barcas hundidas y desesperación, el mar se hizo balsa y optó por retirarse.

Suaves las olas llegaban a la orilla, susurrando un principio.

Y yo recogí los restos.

Vi mi esfuerzo inútil reflejado entre aquella mugre.

Cogí los restos e hice una fogata que me calentase. Moví las piedras. Busqué madera seca, limpié la arena, me busqué un refugio.

Y no quedan restos y no queda desastre. No queda mar.

Y vuelvo a la calma y el tiempo me invita a que empiece, a que me quede sentado y cierre los ojos. Y descanse. Y respire. Y no haga nada más.

Y no luche, y no reme, y me quede sentado.

Sin más.

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