Alcohol de curar

Dice el enfermero que me va a poner un poquito de alcohol en la herida. Alcohol de curar, dice. Qué redundancia, pienso yo.

Como si existiera algún alcohol que no fuese de curar.

Como si cicatrizase yo mis heridas con otra cosa diferente. Como si no acallase, todos los días, uno tras otro, nuestros gritos pasados en una botella de ginebra. Hasta acabarla, hasta apurarla, hasta que tus ojos vidriosos me miran desde el fondo.

Como si no llegase a casa, todos los días, deseando ser curada. Y escaparme flotando a esa memoria reblandecida, que calla los gritos, las voces y los lamentos, y que me lleva lejos, muy lejos, a aquel verano, a aquella isla, con el sol en los huesos, con los pies descalzos y la espalda desnuda. Con los rizos al viento y los besos de sal.  Y tu mano en mi piel.

Comentarios

El contenido de este blog está protegido mediante licencia Creative Commons a no ser que se especifique lo contrario.

Licencia Creative Commons



Entradas populares de este blog

Enrededos en la lengua

Señora Presidenta

Gloria

La verdadera historia de Blancanieves

El naufragio