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El robo

La fecha exacta del robo se produjo en la fría madrugada del 5 de abril.

Un temporal azotaba el país y las temperaturas eran inusualmente bajas para tratarse de primavera.

Soledad Martínez vivía sola. A sus treinta y tres años había conseguido cumplir algunos de esos mandatos silenciosos que la sociedad juzga como indicadores del éxito. No en lo relativo a la pareja, ni a los hijos, pero gracias a su trabajo como redactora jefa en uno de los diarios más importantes del panorama informativo, Soledad había conseguido alcanzar lo que podríamos considerar un buen nivel de vida: una buena casa, buenas vacaciones y suficiente dinero como para poder levantarse de la cama cada día sin preocupaciones.

Sin embargo, lo que más le gustaba a Soledad de su vida, era el no tener que pensar en nadie más que en ella, no preocuparse por nada más que no fuese su propio bienestar, sus apetencias y deseos. La libertad para crearse a si misma, sin dar explicaciones, sin dedicar tiempo a nada más que no fue…

Alcohol de curar

Dice el enfermero que me va a poner un poquito de alcohol en la herida. Alcohol de curar, dice. Qué redundancia, pienso yo.

Como si existiera algún alcohol que no fuese de curar.

Como si cicatrizase yo mis heridas con otra cosa diferente. Como si no acallase, todos los días, uno tras otro, nuestros gritos pasados en una botella de ginebra. Hasta acabarla, hasta apurarla, hasta que tus ojos vidriosos me miran desde el fondo.

Como si no llegase a casa, todos los días, deseando ser curada. Y escaparme flotando a esa memoria reblandecida, que calla los gritos, las voces y los lamentos, y que me lleva lejos, muy lejos, a aquel verano, a aquella isla, con el sol en los huesos, con los pies descalzos y la espalda desnuda. Con los rizos al viento y los besos de sal.  Y tu mano en mi piel.

El pez solo

El pez que vive en las profundidades del mar nada solo, come solo, duerme solo.

No llega la luz a su mar, los rayos de Sol no calientan, así que desarrolla una linterna. ¿Para ver a sus presas?

No.

Para ver a sus amigos, a un potencial banco de peces que le acompañe al nadar.

EL pez solo nada solo, vive solo, llora solo.

Cuando los pececillos despistados se adentran hasta el fondo del océano siguen su luz, y entonces, el pez solo, enseña sus garras. ¿Sonríe?

No.

El cree que sonríe, pero enseña sus feos colmillos puntiagudos. Y los peces se asustan y se alejan corriendo, en busca de otros peces que les protejan y acompañen en su nado.

Y sólo se queda el pez con su luz, con sus dientes y su soledad.

Sigue solo. Nada solo. Muere solo.

Huracán

Suenan los truenos fuera, en esta tormenta de verano. Y recuerdo tu cuerpo, empapando al mío.

Cae la  lluvia fuera, y moja y empapa, y forma charcos en los que los niños jugarán más tarde. Y yo recuerdo tu cuerpo empapando al mío.

Fuiste un huracán, un temporal, un terremoto, cualquier cosa que sacude la tierra y arrasa, destrozando todo a su paso para que después nada sea igual.

Fuiste el olor de la tierra mojada tras una tormenta de verano.

Fuiste rayo y yo árbol partido en dos.

También fuiste brisa de primavera que acaricia la cara, flor que se abre, rama que mece.

Pero huracán, si. Huracán y tormenta.

Chica jardín

Imagen
A ella le salen flores del corazón.

Hubo un tiempo en que trató de evitarlo, cuando vio como se le enraizaban los primeros tallos verdes.

Sabía que eso no era algo muy normal, así que trató de podarlos, para evitar a toda costa que alguien se percatase  de que le salían brotes del corazón.

Pero luego crecieron más y más, porque a ella le salen flores del corazón.

Dejó de podar las ramas y los tallos, dejó de preocuparse por ellos.

Y crecieron. Y salieron flores.

Salieron azucenas, margaritas, amapolas y hortensias.

Y le clavaron espinas, si, le clavaron espinas que ella se arrancó una a una sin compasión, aunque sangrase después, porque, una vez que ella descubrió que en el corazón tenía un jardín, se arrancó todas las malas hierbas, todos los días, una a una, para que no contaminasen sus flores.

Porque hortensias, margaritas, rosas y azucenas.

Porque ella en el corazón tiene raíces,y un jardín, y lo riega todos los días.

Porque tiene el corazón repletito de flores, si. Porque en su corazón hab…
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