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Mostrando entradas de junio, 2013

Tres dientes.

Tres dientes tenía mi prima María. Tres. Se los partió la pobre cuando jugábamos en el patio de la tita Petra, a los ocho años. Estábamos intentando pillar a su hermano pequeño para tiznarle la cara con la grasa de la sartén, y cuándo estábamos a punto de cogerle, María tropezó con la caja de herramientas de mi abuelo y se cayó de boca contra el tranco de la puerta. Con la boca llena de sangre me decía “Rosa, cógelo tú  y lo atas, que cuando me curen la boca le dejamos la cara negra”. Yo tan chica como era no podía coger  a mi primo, así que al final se quedó con la cara sin teñir.
Y con tres dientecitos se quedó la María, porque claro, las cosas en mi familia no estaban como para tirar cohetes, que acabábamos de salir de una guerra y no podía ir uno derrochando los dineros en arreglarle la boca a la niña.
Así que mi prima María creció con sus tres dientes. Y le crecieron unos ojos como dos faroles. Y unas trenzas rubias que le llegaban a la cintura. Las piernas finas y el cuerpo e…
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