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Mostrando entradas de marzo, 2013

Recuerda.

Una vez más el día le regala unos segundos, unos minutos con algo de suerte, para poder observarla dormida, tranquila a su lado. Le encanta despertar por las mañanas antes de que ella lo haga, abrir los ojos y sentir su paz, sin que ella le vea, con tiempo para observarla sin ser visto, disfrutando de la exclusividad de ser su única audiencia secreta.
La contempla.
Ve su piel. La ve pálida, arrugada, casi marchita. Y la recuerda. Recuerda la piel suave que ha acariciado durante toda su vida, aquella que podría distinguir entre un millón de mujeres, la que sus manos son incapaces de olvidar a base de recorrerla y dibujar su cartografía. Su piel tersa, caliente. Su piel.
Ve su pelo, blanco como la nieve, cortado sin gracia por sus propias manos, sus manos de piel, manos de memoria. Y recuerda su pelo, su trenza larga con sus hebras  de oro. Su pelo en su pecho, en sus manos, en sus caricias.
Sus ojos cerrados donde se oculta el verde de la hierba recién cortada. De su olor. El olor …
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