Apnea.

La voz llegó desde atrás.

-Proceda a relatarme otra vez el sueño, por favor.- La voz del doctor era profunda, intentaba disimular su carácter intimidatorio sin apenas conseguirlo. Desde el diván tan sólo era capaz de ver estanterías repletas de libros, ordenados alfabéticamente. Una pequeña ventana dejaba ver la rama de un árbol seco.

-Estoy de pie, al borde de un precipicio. En frente la veo a ella, al otro lado, está de espaldas, con una camiseta blanca. Le llamo, pero no se da la vuelta, ni siquiera se mueve.

-Prosiga, por favor.

-Una cuerda une los dos lados, una de esas que utilizan los funambulistas, pero me da miedo cruzarla. Miro mis pies, pero no soy capaz de verlos. Siento mucho miedo.

- Es entonces cuando se asoma al precipicio, ¿me equivoco?.- aunque se adelantaba a los acontecimientos no mostraba impaciencia.

-Si- un hilo de voz- Me asomo, veo dos ojos gigantes, están cerrados. También veo palabras, palabras que se fragmentan y se caen al vacío. Del cielo empiezan a llover palabras rotas. Siento frío. La cuerda se hace más larga, se que tengo que cruzarla pero no se cómo, grito su nombre pero sólo hay silencio.

-Fue entonces cuando despertó y vomitó ¿no es así?

-Sí, así fue.

El doctor emitió un largo silencio. Quedaban diez minutos para el final de la sesión.

-Me temo que no es necesario que le ayude a interpretar su sueño. Creo que no fallo cuando digo que sabe usted lo que significa, ¿verdad?

Más silencio.

-Claro que lo sé doctor.

Rompió a llorar.

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