Códigos

Tienes ese almacén de códigos secretos que me hace perder la cabeza. El modo en que te atusas el pelo frente al espejo cuando sales de casa, y como tuerces la cabeza hacia la izquierda si te gusta. Te subes las solapas del abrigo y abres la puerta sonriendo. Y esa sonrisa plagadita de ganas de gustar, que es para él. Esa manera de atusarte el pelo, también para él.

Si estás de buen humor te calzas sentada al filo de la cama, sin embargo si te levantas con el pie izquierdo te pones los zapatos de pie y a trompicones, como una niña pequeña enrabietada.
Siempre que sientes nostalgia de casa y echas de menos a tu madre enciendes una vela y te preparas un capuccino en tu taza de color azul. Un, dos, tres. Tres cucharadas de azúcar. Vueltas de cucharilla, sorbo largo. 

Cuelgas el abrigo en el perchero si te salieron bien las cosas en la escuela y los niños te dijeron eso de "qué guapa estás hoy seño". Encima del sofá si les tuviste que castigar, y sin colocar bien las mangas.

Enrolllas entre tus manos lo primero que encuentras si suena el teléfono y es él. Enrollas nerviosamente entre tus manos lo primero que encuentras si no suena el teléfono.

El que más me costó descifrar y es a la vez mi favorito, es la manera de morderte el labio inferior y mirar hacia la izquierda cuando te debates entre tus ganas de ser feliz y seguir adelante, o ser honesta y contarle la verdad sobre tu aventura con Daniel a tu marido, o sea, a mí. 

Todo esto lo he aprendido yo con la adoración infinita que produce amarte con el transcurrir de los años, gracias a muchas mañana despertándome a tu lado y viéndote sin maquillar, con el pijama de jirafas. 
Ignoro si Daniel te ha visto ya sin maquillar, pero se que él no ha aprendido a descifrar ninguna de las señales secretas que mandas a diario, todas estas que te he dicho y muchas más que me guardo. 

Sé que nunca te entregas a mí cuando hacemos el amor tan intensamente como los jueves por la tarde, cuando yo tardo un poquito más en la oficina (a veces intencionadamente) y pasáis un rato a solas en casa. Sé que nunca desprende más luz tu sonrisa. 

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