Agua de lluvia

-Vamos, dime ¿cómo puedes saberlo?
-Pues lo sé  y punto- sus botas de agua rojas golpearon con fuerza el charco.
-La señorita Amanda dice que no podemos decir que algo es verdad si no tenemos pruebas.
-¿Y qué más te dice esa estúpida señorita Amanda? Menuda tontería… ¿Desde cuándo haces caso a lo que te dicen los mayores?
Su trenza rubia se movía de un lado a otro al ritmo de sus saltitos. El niño incrédulo se quedó callado durante un rato. Mientras caminaban hacia casa arrancaban hojas de los setos.

-¿De verdad es un ángel?
-Pues claro tonto. Sólo que tu no los sabes diferenciar. En el pueblo sólo hay dos, pero hay en todo sitios. La gente se cree que están ahí para protegernos, pero es mentira. Vienen cuando lloras, sólo te miran, no te dan ni un mísero pañuelo, pero si tú les dejas sacan un bote de cristal y guardan tus lágrimas
-¿Y luego qué pasa?
-Que hacen agua de lluvia, con las lágrimas digo, y cuando llueve las lágrimas se reparten y a ti te toca lo que le pasaba a tu lágrima. Si te moja una gota que lloraba porque le había tocado la lotería, pues te toca la lotería, y si te moja una lágrima que lloraba porque su novio no la quería pues tu novio no te quiere, y así. Por eso los mayores siempre dicen que nunca llueve a gusto de todos.
-¿Y tu eso cómo lo sabes?
-Ya te lo he dicho, mi madre es uno de ellos, por eso ella no llora nunca, aunque se muera de pena, ¡y ahora corre!¡Que está empezando a llover!

Comentarios

El contenido de este blog está protegido mediante licencia Creative Commons a no ser que se especifique lo contrario.

Licencia Creative Commons



Entradas populares de este blog

Enrededos en la lengua

Señora Presidenta

Gloria

La verdadera historia de Blancanieves

El naufragio