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Mostrando entradas de diciembre, 2011

Paco.

Querido Paco,
Te escribo esta breve nota porque a pesar de lo que te he hecho conservo la decencia y la educación, y porque no me gustaría que te quedaras sin entender lo que ha pasado.
Tras muchos años pensándolo finalmente me he decido a hacerlo. Puede que estés pensando que quizá haya hecho las paces con mi hermana, que me cambié el color de pelo una vez más o que he cambiado los números del euromillón.  No es nada de eso. 
Hace algún tiempo que vengo pasando el dinero de la cuenta común a una cuentecita que me hice a mi nombre, con la intención de adueñarme de los ahorros de nuestra vida, Paco. Una vida construida a golpe de plancha y cacerola con el partido del Madrid como telón de fondo, y que a mí, a pesar de ponerme la sonrisa por las mañanas al igual que me ponía los rulos, nunca me ha satisfecho.
Nunca soporté esa manía tuya de darme una palmadita en el trasero cuando llegabas a casa, ni lo de dejar la cerveza en la mesa sin posavasos, que se queda siempre el cerco en la madera. …

Aproximaciones

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Fuimos la sombra, la lluvia y el gris.
Fuimos los cuervos encaramados a las ramas. el dolor profundo de la pérdida, la guadaña de la muerte, la pena infinita, el dolor sangrante, el hambre de la guerra. La desolación y los cuentos inacabados. Nuestros propios cuentos que se quedaron sin porvenir, se les rompió el final. Se emborronó la tinta.

Fuimos el valor y el coraje, la ira contenida junto al miedo en la garganta. Masticamos la rabia y rumiamos el odio.
Lloramos ríos, mares y océanos, y nunca nadie vio resbalar una lágrima por nuestras mejillas.
La fuerza. El valor.

El dolor transmutó en fortaleza a la vez que recordábamos los brazos fuertes de nuestros hombres en la noche.

Terminamos exhaustas, sombras de un futuro roto y un pasado que todavía recordaba al terciopelo.
Empezamos de nuevo, presas del horror y la pena. Y nunca más volvimos a hablar de ello.



Agua de lluvia

-Vamos, dime ¿cómo puedes saberlo? -Pues lo sé  y punto- sus botas de agua rojas golpearon con fuerza el charco. -La señorita Amanda dice que no podemos decir que algo es verdad si no tenemos pruebas. -¿Y qué más te dice esa estúpida señorita Amanda? Menuda tontería… ¿Desde cuándo haces caso a lo que te dicen los mayores? Su trenza rubia se movía de un lado a otro al ritmo de sus saltitos. El niño incrédulo se quedó callado durante un rato. Mientras caminaban hacia casa arrancaban hojas de los setos.
-¿De verdad es un ángel? -Pues claro tonto. Sólo que tu no los sabes diferenciar. En el pueblo sólo hay dos, pero hay en todo sitios. La gente se cree que están ahí para protegernos, pero es mentira. Vienen cuando lloras, sólo te miran, no te dan ni un mísero pañuelo, pero si tú les dejas sacan un bote de cristal y guardan tus lágrimas -¿Y luego qué pasa? -Que hacen agua de lluvia, con las lágrimas digo, y cuando llueve las lágrimas se reparten y a ti te toca lo que le pasaba a tu lágrima. Si te …
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