Papiroflexia

Jugábamos a ser papel en aquellos tiempos en los que todo era nuevo. Nos tocábamos suavemente, acariciándonos, sintiendo la textura del papel, nos doblábamos, el uno escribía encima del otro. A veces eran bonitas palabras de amor, otras tan sólo tachones, borrones y un buen puñado de faltas de ortografía. Nos dibujábamos. Nos mojamos, nos arrugamos. Nos rompimos tanto que al final nos hicimos pequeños trocitos incapaces de ser recompuestos. Nunca pudimos usar tippex, esa fue nuestra única regla, y posiblemente nuestra peor idea.
El resultado fue una novela olvidada que nunca nadie publicó.
Eso, y los recuerdos de una papiroflexia inservible.

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