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Paco.

Querido Paco,
Te escribo esta breve nota tan sólo porque a pesar de lo que te he hecho, todavía guardo algo de decencia y educación.
Tras muchos años pensándolo, me he decidido a hacerlo. Puede que estés pensando que me he cambiado el color de pelo, o que he cambiado los números del euromillón…pero no, no es eso. Llevo un tiempo pasando el dinero del banco a una cuentecita que me hice a mi nombre, con la intención de adueñarme de todos los ahorros de nuestra vida, Paco. Una vida construida con la plancha el sofá como telón de fondo, y que a mí, a pesar de ponerme la sonrisa al igual que me ponía los rulos, nunca me ha satisfecho.
Nunca soporté esa manía tuya de darme una palmadita en el trasero cuando llegabas a casa, ni lo de dejar la cerveza en la mesa sin posavasos, que se queda siempre el cerquito en la madera, bueno, y de tu manera de comportarte en la mesa ya mejor ni hablamos.
Así que perdóname, pero cojo el dinero y me voy…además ya sabes tú que lo del mocho nunca fue para m…

Aproximaciones

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Fuimos la sombra, la lluvia y el gris.
Fuimos los cuervos encaramados a las ramas. el dolor profundo de la pérdida, la guadaña de la muerte, la pena infinita, el dolor sangrante, el hambre de la guerra. La desolación y los cuentos inacabados. Nuestros propios cuentos que se quedaron sin porvenir, se les rompió el final. Se emborronó la tinta.

Fuimos el valor y el coraje, la ira contenida junto al miedo en la garganta. Masticamos la rabia y rumiamos el odio.
Lloramos ríos, mares y océanos, y nunca nadie vio resbalar una lágrima por nuestras mejillas.
La fuerza. El valor.

El dolor transmutó en fortaleza a la vez que recordábamos los brazos fuertes de nuestros hombres en la noche.

Terminamos exhaustas, sombras de un futuro roto y un pasado que todavía recordaba al terciopelo.
Empezamos de nuevo, presas del horror y la pena. Y nunca más volvimos a hablar de ello.



Agua de lluvia

-Vamos, dime ¿cómo puedes saberlo? -Pues lo sé  y punto- sus botas de agua rojas golpearon con fuerza el charco. -La señorita Amanda dice que no podemos decir que algo es verdad si no tenemos pruebas. -¿Y qué más te dice esa estúpida señorita Amanda? Menuda tontería… ¿Desde cuándo haces caso a lo que te dicen los mayores? Su trenza rubia se movía de un lado a otro al ritmo de sus saltitos. El niño incrédulo se quedó callado durante un rato. Mientras caminaban hacia casa arrancaban hojas de los setos.
-¿De verdad es un ángel? -Pues claro tonto. Sólo que tu no los sabes diferenciar. En el pueblo sólo hay dos, pero hay en todo sitios. La gente se cree que están ahí para protegernos, pero es mentira. Vienen cuando lloras, sólo te miran, no te dan ni un mísero pañuelo, pero si tú les dejas sacan un bote de cristal y guardan tus lágrimas -¿Y luego qué pasa? -Que hacen agua de lluvia, con las lágrimas digo, y cuando llueve las lágrimas se reparten y a ti te toca lo que le pasaba a tu lágrima. Si te …

Mi persona.

Entré en el bar justo a las once en punto. Sabía que ella estaría esperándome, la puntualidad era una de las cualidades que las dos compartíamos.
Recordé la última vez que la vi, teníamos veintitrés años y compartíamos un café en el bar del pueblo. Esa fue la  tarde en que nos dimos cuenta de que todos nuestros lazos se habían roto, de que nuestras miradas habían dejado de ser cómplices y de que la persona que teníamos delante se había convertido en una completa desconocida. Y así fue cómo disolviendo sacarinas nos despedimos, para no volver a vernos más. 
Tal y como intuía ella me estaba esperando en una mesa. Sus ojos rajados me radiografiaron. Los míos le devolvieron el análisis. Su pelo había cambiado, su melena rizada y alborotada había sido sustituida por una más corta y seria. Más insulsa, como aquel último café. Su ropa era más cara, sus uñas estaban totalmente cuidadas y su maquillaje ofrecía un aspecto impecable. Yo seguía igual, y si ella notaba lo contrario no me importó …

Dolores Monforte

Se llamaba Dolores Monforte, aunque en el barrio se le conocía como la Lolita. Era una chica fácil, como comúnmente se suelen llamar a este tipo de chicas. Se abría de piernas ante cualquiera que le ofreciese un par de besos de alquiler y unas cuantas caricias a saldo. En cualquier callejón oscuro en el que pudiesen arrancarle la mitad de su ropa o la mitad de su alma, o en cualquier colchón que le ofreciese una almohada para vomitar sus sueños.
De tanto abrirse, se terminó cerrando, y dejó de tener corazón, o al menos, de sentirlo. Unos dicen que tan sólo era una mujer buscando ese te quiero que la hiciese encaramarse a las estrellas, otros que era una viciosa sin ningún tipo de amor propio que se regalaba por las esquinas, lo cual era todavía peor que venderse.
La última vez que la vi salía de casa de Don Manuel, uno de los vecinos del barrio que en los círculos de amistades alardeaba de su desprecio por los tullidos, por los locos y por las putas. Se bajaba la falda con una mano m…

Seguridad

El día que menos te lo esperes voy a sacar el más permanente de mis rotuladores y voy a dibujar una sonrisa en tu cara. Te voy a atar de pies y manos y te voy a hacer cosquillas hasta que te duelan las costillas. Voy a hacer que te desprendas de tu armazón, de tu casco y de las rodilleras. Te voy a quitar el arnés, y si me dejas la ropa también. Te pondré una venda en los ojos para que saltes sin mirar al vacío. Desaparecerán los cuervos, los buitres, los cinturones de seguridad, el por si acaso (el por si acaso siempre fue un fracaso), los kleenex y también el miedo. Así, poco a poco, te iré haciendo más feliz, más segura sin tener medidas de seguridad, sin el pilotito rojo, los triángulos amarillos y el chaleco fosforescente. Dejarás de ser la princesa que se encierra en la torre de su castillo y comenzarás a ser el príncipe que busca aventuras. Así, poco a poco, te devolveré la fe sin que tú te des cuenta. Te pondré el mundo en una mano, para que te lo comas de un bocado y sin hacer…

Escribir

Mi vía de escape es escribir. Escribo si me duele. Si me ahogo o si me asfixio. Escribir para olvidar, aunque también escribir para no olvidar. Escribo si estoy triste, si me siento insegura o si mi mente paranoica está a punto de hacerme daño a mi misma. Escribir es mi terapia, mi manera de hacer que mi corazón lata más despacio cuando pierdo los nervios. Es la venda que me pongo para no sangrar. Ahora ya te has enterado, si te gusta léeme.

Que trata de Andalucía

Un mercado cualquiera de Andalucía. El bullicio llena la plaza del mercado. Las mujeres salen y entran con sus carros saludándose unas a otras. -¿Qué pasa Paquita? -Pues mira chica, aquí a ver si le compro al Pepe un arreglo pa’ el cocido ¿tu qué dices guapa? Los niños que se escapan de las manos de sus madres corretean de un lado a otro. -¡Pablo! ¡Me cago en la mar! Estate quieto ahí. ¡Ya no te lo digo más veces! ¡Qué la próxima te lo digo con la palma de la mano! Josú…el niño…¡qué no me dejará tranquila en to’ la mañana!¡ Los puestos se mezclan: las carnicerías, pescaderías, el famoso puesto de Martín el azafranero vendiendo aceitunas caseras al lado de los mil colores de la frutería… Desde fuera llegan los gritos de las gitanas de los puestos ambulantes -¡A euro!¡A euro tengo las camisetas, nenas!¡A dos los camisones! ¡Pa que te vea el marío y se caiga de culo primor! ¡A ver, morena!¡La de la cara de faraona! ¿No quieres tu un camisoncito reina mora? En la pescadería de Curro las clientas …

Contrato

Si tengo que marcharme prefiero que antes establezcamos las condiciones de mi partida. Para empezar, has de saber que nunca volveremos a vernos, no es malo, tan sólo es una realidad que ambos debemos aceptar. No quiero nada de cartas. No quiero nada de palomas mensajeras, no quiero las casualidades del destino que terminen llevándome a ti y lo que menos quiero (por nada del mundo) es una de esas horribles e inútiles despedidas que hacen que la gente termine con los brazos vacíos, las sonrisas rotas antes de llegar a nacer y los labios con sabor a pena. En la maleta me llevaré los remolinos de tu pelo, tu mal despertar de por las mañanas, el jersey aquel que me dejabas usar cuando tenía frío y los lunares de tu espalda. También quiero llevarme las noches y las charlas insulsas hasta el amanecer. Te cedo mi risa, mis despertares de por la mañana, sí, esos que tanto te gustaban (tú ya sabes de cuáles te estoy hablando). Te cedo mi receta secreta para hacer palomitas. Creo que no hay mucho…

Lavadoras

El agua cubría todo el suelo de la cocina. Otra vez había vuelto a pasar. Era la tercera vez en una semana que la lavadora me daba problemas. La ropa salía con las mismas manchas que entraba, se encharcaba el agua en el tambor dejando en mis prendas favoritas un hedor a tubería casi imposible de quitar, y ahora mi cocina parecía sufrir una inundación. Cogí la fregona para intentar solucionar aquel desastre. Recordé mis primeros lavados en la residencia de estudiantes, cuando éramos incapaces de hacer funcionar esas lavadoras que parecían sacadas de otro siglo. El técnico me dijo que la lavadora podría seguir funcionando si cambiábamos un par de piezas. -Una chapucita de nada señora y esto está listo en un santiamén. El problema es que las piezas se las tengo que pedir a la fábrica, que está en Alemania, y claro, ya sabe usted que esas cosas tardan y son caras. Ahora,que mucho más costoso resulta comprarse una lavadora nueva, y más ahora tal y como está la cosa, que yo se lo digo a mi señ…

Tiempo

Elige un momento. Almacénalo y recuérdalo para toda tu vida. Llévalo contigo. Elige ese momento que te corta la respiración, que hace que el mundo se pare y tu sigas girando a mil kilómetros por hora con los ojos cerrados. Elige el momento que te llena los bolsillos de felicidad y los ojos de sonrisas.Saborealo. Acarícialo. Hazlo tuyo. Hazlo eterno.
Olvídate del resto si es eso lo que quieres, pero acuérdate de concederte el tiempo necesario para ello.
Te deseo toda la paciencia del mundo.
La vas a necesitar.
Imagen
Solo. Fue así como un día me desperté. Abrí los ojos y ya te habías ido. No estaban tus medias a los pies de la cama, tampoco tu bolso en el suelo de la habitación, ni tu risa llegando desde la cocina diciendo que estabas preparándome el mejor desayuno de mi vida. Recuerdo lo que te dije la noche anterior. Déjame quererte María, déjame disfrutar de ti, de tus medias al filo de la cama y de tus tostadas quemadas por las mañanas. Déjame oír tu risa al despertar y saborearte cada noche. Tus labios esbozaron una leve sonrisa. Al mismo tiempo tus ojos se inundaron de miedo. Lo reconocí. El miedo a sentir que ya no sientes. El miedo a descubrirlo. El miedo a que yo lo descubriese y fuese demasiado duro. Cuando me dormí esa noche sabía lo que pasaría a la mañana siguiente. Siempre he sabido leer en tus ojos, devorarlos como a mi novela preferida cuando tenían buenas noticias y atender a cada punto y coma que dictasen cuando la sinceridad llegaba a ellos, así que no fue difícil saber que nunca …

Papiroflexia

Jugábamos a ser papel en aquellos tiempos en los que todo era nuevo. Nos tocábamos suavemente, acariciándonos, sintiendo la textura del papel, nos doblábamos, el uno escribía encima del otro. A veces eran bonitas palabras de amor, otras tan sólo tachones, borrones y un buen puñado de faltas de ortografía. Nos dibujábamos. Nos mojamos, nos arrugamos. Nos rompimos tanto que al final nos hicimos pequeños trocitos incapaces de ser recompuestos. Nunca pudimos usar tippex, esa fue nuestra única regla, y posiblemente nuestra peor idea. El resultado fue una novela olvidada que nunca nadie publicó. Eso, y los recuerdos de una papiroflexia inservible.

La señorita de los tacones altos

La señorita de los tacones altos nunca llega antes de las seis. Aparece por la tarde con esos preciosos zapatos, a veces rojos, a veces marrones, ella los tiene de todos los colores, pero siempre de tacón. El día que más me impresionó fue cuando trajo esos morados, que le hacían esas piernas tan largas tan largas, como si sus piernas se continuasen debajo de su falda hasta llegar a la luna, o al infinito, a alguno de los dos sitios. Ese día fue cuando le pregunté a mamá quién era esa mujer, y por qué llevaba esos tacones tan altos. La respuesta de mamá no me quedó muy clara, mencionó algo sobre papá, dijo que igual que cuando tienes hambre deseas con todas tus fuerzas la paella de la tía Julia, a veces, los mayores desean con todas sus fuerzas a mujeres con tacones altos. Me pareció bastante lioso la verdad, pero dijo que lo entenderíamejor cuando fuese mayor. Le pregunté a mamá que por qué ella no se compraba unos tacones tan altos para ser tan guapa cómo la mujer que venía a ver a pa…
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