Entradas

Alcohol de curar

Dice el enfermero que me va a poner un poquito de alcohol en la herida. Alcohol de curar, dice. Qué redundancia, pienso yo.

Como si existiera algún alcohol que no fuese de curar.

Como si cicatrizase yo mis heridas con otra cosa diferente. Como si no acallase, todos los días, uno tras otro, nuestros gritos pasados en una botella de ginebra. Hasta acabarla, hasta apurarla, hasta que tus ojos vidriosos me miran desde el fondo.

Como si no llegase a casa, todos los días, deseando ser curada. Y escaparme flotando a esa memoria reblandecida, que calla los gritos, las voces y los lamentos, y que me lleva lejos, muy lejos, a aquel verano, a aquella isla, con el sol en los huesos, con los pies descalzos y la espalda desnuda. Con los rizos al viento y los besos de sal.  Y tu mano en mi piel.

El pez solo

El pez que vive en las profundidades del mar nada solo, come solo, duerme solo.

No llega la luz a su mar, los rayos de Sol no calientan, así que desarrolla una linterna. ¿Para ver a sus presas?

No.

Para ver a sus amigos, a un potencial banco de peces que le acompañe al nadar.

EL pez solo nada solo, vive solo, llora solo.

Cuando los pececillos despistados se adentran hasta el fondo del océano siguen su luz, y entonces, el pez solo, enseña sus garras. ¿Sonríe?

No.

El cree que sonríe, pero enseña sus feos colmillos puntiagudos. Y los peces se asustan y se alejan corriendo, en busca de otros peces que les protejan y acompañen en su nado.

Y sólo se queda el pez con su luz, con sus dientes y su soledad.

Sigue solo. Nada solo. Muere solo.

Huracán

Suenan los truenos fuera, en esta tormenta de verano. Y recuerdo tu cuerpo, empapando al mío.

Cae la  lluvia fuera, y moja y empapa, y forma charcos en los que los niños jugarán más tarde. Y yo recuerdo tu cuerpo empapando al mío.

Fuiste un huracán, un temporal, un terremoto, cualquier cosa que sacude la tierra y arrasa, destrozando todo a su paso para que después nada sea igual.

Fuiste el olor de la tierra mojada tras una tormenta de verano.

Fuiste rayo y yo árbol partido en dos.

También fuiste brisa de primavera que acaricia la cara, flor que se abre, rama que mece.

Pero huracán, si. Huracán y tormenta.

Chica jardín

Imagen
A ella le salen flores del corazón.

Hubo un tiempo en que trató de evitarlo, cuando vio como se le enraizaban los primeros tallos verdes.

Sabía que eso no era algo muy normal, así que trató de podarlos, para evitar a toda costa que alguien se percatase  de que le salían brotes del corazón.

Pero luego crecieron más y más, porque a ella le salen flores del corazón.

Dejó de podar las ramas y los tallos, dejó de preocuparse por ellos.

Y crecieron. Y salieron flores.

Salieron azucenas, margaritas, amapolas y hortensias.

Y le clavaron espinas, si, le clavaron espinas que ella se arrancó una a una sin compasión, aunque sangrase después, porque, una vez que ella descubrió que en el corazón tenía un jardín, se arrancó todas las malas hierbas, todos los días, una a una, para que no contaminasen sus flores.

Porque hortensias, margaritas, rosas y azucenas.

Porque ella en el corazón tiene raíces,y un jardín, y lo riega todos los días.

Porque tiene el corazón repletito de flores, si. Porque en su corazón hab…

Lola y Manuel

Veintidós años. Ayer cumplió veintidós años. El resto de hermanas le hicieron una tarta para celebrarlo, una de esas que tanto le gustan a ella, de las de Santiago, con sus almendras y su azuquitar por encima. Y su cruz, siempre su cruz. Se tenía que notar que estaban en un convento.
Dolores repasó su vida.                                                                                    
Al principio las monjas le dejaban jugar con otros niños del barrio, recordaba jugar al balón prisionero en la plaza del barrio y llegar al convento con las rodillas peladas. Recordaba los helados de las tardes de verano y las galletas que robaban de las cocinas del convento ella y su amiga Julia, y cómo el resto de hermanas nunca se daban cuenta  de que faltaban unas cuantas en el tarro.
Creció.
 Y dejó de ver a Julia y de jugar en la calle, porque las monjas de clausura  (que era lo que tenía que ser ella ahora)  no podían tener amigas ni jugar al balón prisionero. Así se lo explicaron cuando c…

Domingos

Te fuiste un domingo, un domingo por la tarde. Aún recuerdo tu cara mojada  diciéndome adiós, tu maleta saliendo por la puerta en un giro tímido, atascándose, queriéndose quedar. Como tú. Que también te querías quedar. Pero no podías ya. 
Te fuiste un domingo fatídico y de nada sirvió que te siguiese. De nada sirvió decirte que cambiaría, que no lo volvería a hacer más, que dejaría de salir, que dejaría de beber, que dejaría de llegar borracho a casa oliendo a perfume de mujer. 
Me mirabas con tu alma, penetrando hasta el fondo de la mía. Vi decepción, hartazgo, impotencia, rabia. Vi amor. Y vi liberación. Ni una pizca de miedo, el miedo sólo salía de mis ojos. Lo gritaban los poros de mi piel. 
Te marchaste un domingo por la tarde, uno de esos como los que solíamos pasar encargando comida basura y jugando entre las sábanas hasta saciarnos el uno del otro. Un domingo de esos de tomar un vino en el sofá. De esos que se nos habían acabado desde hacía tiempo y que fueron sustituidos por…

Esto no es un relato

Esto que voy a escribir  no es un relato, y sin embargo es algo que me es inevitable contar.
Hace algo más de dos meses llegué a Granada con una mochila que iba cargada hasta los topes. Era una mochila cargada de ganas, si,  pero también cargada de miedos, de dudas, de pasado, de incertidumbre y de sombras. Y el peso de esa mochila, era más que insostenible.
En estos dos meses he llorado, he reído, me he emocionado, me he sentido sola en unos momentos y tremendamente acogida en otros. Me he perdido para encontrarme, para enfrentarme a mí misma y llamarme por mi nombre. He encarado mis miedos y he descubierto otros nuevos en los que nunca había reparado.
He mirado a los ojos a mis privilegios de clase, y me han devuelto una mirada llena de escozor.
Mañana madrugo para volver a casa y lo cierto es que me muero de ganas. Es hora de hacer el equipaje y volver a llenar esa mochila, que mucho me temo que va a pesar muchísimo más en este viaje. Va tan repleta de cosas, que no si podré c…